…Tercera entrega: A rescatar memoria de las fosas comunes de montes y cementerios, de antiguos pozos mineros y otras simas, de la soledad de las cunetas, de fémures y calaveras con agujero en la nuca esparcidas por los montes de Asturias…; memoria, en fin, de muertos y vivos que lucharon contra la dictadura franquista y que permanece arrojada allá en los confines de la historia treinta y siete años después de llegar la democracia, democracia sin mayúsculas, visto lo visto. A ello dedico yo el presente libro, continuación de un primero que lleva por título “Por qué estorba la memoria”.

Resultado de mis investigaciones, presento aquí ciento cincuenta esbozos biográficos de otros tantos guerrilleros y familias que han seguido enarbolando la bandera de la Segunda República más allá de la derrota en las trincheras, reveladores de un compromiso ético sin límites y de la verdadera naturaleza del régimen franquista. Quiero decir fascista. Se trata de historias reales y documentadas, sin concesiones a la fantasía. De ahí que unas vengan más desarrolladas que otras, dependiendo de los datos contrastados que he podido reunir en cada caso. Ello no niega posibles errores, en cuyo caso pido por adelantado que acepten mis disculpas.
Eso sí; son historias narradas desde el compromiso con la causa por la que sufrieron y murieron tantas y tantos en la larga noche del franquismo.
Porque cuando se habla de víctimas y verdugos, de defensores de la legalidad democrática y de fascistas alzados en armas contra la misma, parafraseando al poeta, sin pecado no cabe la neutralidad; hay que tomar partido hasta mancharse.
Para componer estas historias, como es de razón, acudí a diversas fuentes escritas. No obstante, he puesto especial interés en acercarme y tomar testimonio a víctimas y testigos de la represión. Ello por varias razones. La primera porque son las víctimas directas o sus descendientes más cercanos quienes mejor pueden decir hasta que punto siguen abiertas las heridas causadas por la barbarie franquista, lo que es de gran valor en la lucha contra  la impunidad. La segunda, porque en muchos casos víctimas y testigos son la única fuente de información que existe, puesto que los represores no dejaron huellas de sus atrocidades. Por último, nadie puede sustituir la palabra de los anteriores, porque además de recuerdos encierra sentimientos; palabra necesaria, cuando existe, para contrastarla con las versiones escritas, especialmente si estas proceden de jueces y policías franquistas, secuaces desaprensivos de la falsificación de los hechos.
El trabajo de investigación que dio como resultado este libro se circunscribe básicamente al ámbito de Asturias, con algunas incursiones fugaces a otros territorios de España y transpirenaicos donde destacaron en el combate antifascista guerrilleros asturianos y se enmarca en el periodo comprendido entre el final de la Guerra Civil en Asturias, y la completa desaparición  de las guerrillas antifranquistas en la región, que fueron el alma de lo que podríamos llamar la primera resistencia contra la Dictadura. Me he centrado en ese periodo por ser el más terrible y el más olvidado de la larga noche franquista.
Fueron los guerrilleros y quienes con ellos sostuvieron aquella primera lucha de posguerra los que más alto precio pagaron, en vidas y sufrimiento, por entregarse a rescatar la democracia y las esperanzas que había traído la proclamación de la Segunda República. A cambio, la Transición los arrojaba al olvido más humillante y perturbador para el porvenir de España. A los vivos y a los muertos. ¡ Y allá siguen !, sin el menor reconocimiento a una lucha que representaba el referente inmediato de identidad de los valores democráticos. Los gobiernos de la democracia ni siquiera han tenido la decencia de reparar el estigma que arrojó sobre ellos y ellas la Dictadura. En los expedientes que guardan los archivos oficiales permanecen estigmatizados como bandoleros y malhechores.
En los jirones de memoria que recoge el libro se visualiza escasamente el sacrificio de las mujeres en aquella lucha. De los ciento cincuenta esbozos biográficos solo en uno la protagonista es una guerrillera. Sin embargo, fueron numerosas las milicianas y otras civiles las que se tiraron al monte tras la caída de Asturias. Bien es cierto que como tales resistentes armadas fueron desapareciendo en los dos o tres primeros años de la posguerra, en unos casos eliminadas por sus perseguidores y, en otros, porque se fueron presentando a las autoridades franquistas. Entrados ya en la década de los cuarenta, únicamente tengo constancia  de la presencia en la guerrilla de Gloria Magdalena. Si hubo otras, lo desconozco. En todo caso no pasarían de ser contadas excepciones en lo que a Asturias se refiere, a diferencia de otras regiones. El motivo no venía de ellas, sino de la cultura machista dominante. Era mal visto por la población que las mujeres permanecieran en el monte mezcladas con los hombres. Sin embargo, fue fundamental su aportación al sostenimiento de la guerrilla, como enlaces y en labores de avituallamiento, asumiendo con frecuencia las misiones más peligrosas, por suponer que las mujeres pasaban más desapercibidas a los ojos de los represores. Y fueron golpeadas con igual grado de criminalidad, sin distinción de sexo. Es pues de justicia reivindicar la aportación de las mujeres en aquella lucha.
La lucha guerrillera que sucedió al combate en las trincheras estaba cargada de un firme compromiso con la democracia y la República, y tenía una lógica aplastante cuando era de esperar la ayuda de los Aliados para liberar a España de un régimen político impuesto por la fuerza, que había contado con el apoyo decisivo de los Estados nazi-fascistas, alemán e italiano, que estaban siendo derrotados. No fue así por intereses ajenos a los valores democráticos…
Conviene aclarar que si bien comunistas y socialistas formaron el grueso de las guerrillas, con estrategias distintas, también hubo guerrilleros anarquistas y otros republicanos de izquierda, con y sin partido. Ocurrió que estos últimos, tal vez con menores apoyos y por otros motivos, pronto fueron despareciendo, sobre todo eliminados por las fuerzas represivas; otros se entregaron a las autoridades franquistas, y los hubo que se integraron en las guerrillas comunista y socialista. En todos los casos, es de justicia recordarlos.
Las historias que recoge el libro son solo una minúscula porción de lo que verdaderamente significó la lucha contra el régimen de Franco. No obstante, este pedazo de memoria es representativo de lo ocurrido en todas partes de Asturias y de España, en lo que tuvo de sacrificio para los que lucharon en favor de la restauración de la democracia y en lo que fue la acción criminal del Régimen, inspirada en una política de exterminación de toda disidencia.
El secuestro contumaz de esta parte de nuestra historia (y de los tres años de Guerra Civil) no solo supone una gran injusticia con las víctimas de la represión franquista; es, además, CAUSA IMPORTANTE DE LA CORRUPCIÓN INSTITUCIONAL GENERALIZADA Y DE LA INVOLUCION DEMOCRATICA QUE VIVE LA ESPAÑA DEL PRESENTE BAJO EL GOBIERNO DE MARIANO RAJOY. De ello hablo al final del libro.
Diré por último que entre quienes se obstinan en pasar la página de este terrible período de nuestra historia los hay que prolongan vínculos con el régimen de Franco y justifican sus atrocidades; otros, sin embargo, siempre fueron parte de la oposición antifranquista, más o menos activa. Pero también estos últimos, objetivamente, se hacen cómplices de l gran injusticia, al “sostenella y no enmendallaa”.

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