Gerardo Iglesias Argüelles 150 Historias que claman contra la impunidad del franquismo

Sólo se sabe que de él no se ha vuelto a saber

 

Únicos testigos: la lechera, “les Madreñes” y una vaca sin “catar”

A Avelino “Picón”, otra de las personas a las que el franquismo asesinó tratando de no dejar rastro. Fueron 140.000 las desapariciones forzadas. ¿Dónde están sus restos? Siete décadas de oficial silencio. De las 343 fosas comunes localizadas en Asturias, 2.246 en España, ninguna lo acoge. ¡Aún hay más por descubrir! Planificada, cruel y sistemática aniquilación de las ideas, personas y organizaciones desafectas con el régimen. De intensidad variable, -asesinato, encarcelamiento, persecución, consejo de guerra, destierro, TOP, anulación civil…- la represión de la post-guerra comienza cuando los golpistas “liberan”, en su argot llaman así a la derrota de las fuerzas leales a la República, y no cejó ni con la muerte del dictador, el 20 de noviembre de 1975.

 

 

cuarta entrega:

Subió a catar(ordeñar) al Prau Pozu. Allí quedaron la lechera, les madreñes y una vaca sin catar. Desde entonces, solo se sabe que de él no se ha vuelto a saber.

Con este juego de palabras, que envuelven el dedo acusador contra los criminales y los cómplices de la impunidad, comienza rememorando Esteban Fernández la desaparición de su tío paterno. Avelino “Picón”, cerca de siete décadas atrás. Se trata de una de las CIENTO DE MILES de desapariciones forzadas que tuvieron lugar en España bajo la dictadura de Franco, sin que el régimen constitucional nacido en 1978 haya tomado la más mínima iniciativa para esclarecer y condenar tan abominables crímenes, que siguen atormentando a los familiares de las víctimas. Ello con desprecio al más elemental sentido humanitario y al Derecho Internacional que compromete al Estado español.
Avelino “Picón” nació en el pueblo de La Cerezal, concejo de San Martín del Rey Aurelio, en el año 1916. Era uno de los seis hijos de Esteban Fernández y Rosa García. Formaban una modesta familia trabajadora que, cuando llegó la sublevación fascista de julio de 1936 que desencadenó la Guerra Civil, mantuvo su fidelidad a la legalidad democrática de la Segunda República, saliendo a defenderla a las trincheras parte de sus miembros, entre ellos Avelino. De él nos sigue hablando su sobrino Esteban.
“Había luchado con el bando republicano y alcanzado el grado de teniente. Desde Irún, con su capitán Gerardo Campeta se vinieron replegando hacia Asturias, en un camión que habían cogido a las fuerzas de Franco. Ocupada Asturias por los fascistas(Octubre 1937), Avelino se echó al monte, compartiendo vida de “fugáu” con Amador Castro y algo con Alfredo “el Gitano”, del que era primo segundo.
Avelino participó en la marcha de cientos de republicanos huidos sobre el puerto de Tazones, desde donde pretendían embarcar a Francia el 14 de enero de 1939. El intento resultaba fallido a causa de un incidente que ponía en alerta las fuerzas franquistas, las que movilizadas obligaban al repliegue de los “fugaos”. En la retirada se produjeron duros enfrentamientos, con numerosos muertos por ambas partes. Avelino fue uno de los que resultaron indemnes y pudieron volver al punto de partida.
Finalizada la guerra en España, y ante la carencia de medios para hacer frente al imponente despliegue de fuerzas represivas( guardias civiles,soldados,moros,falangistas…) que les perseguian, a ellos y a cuantos sospechaban que podían darles apoyo, no eran pocos los “fugaos” que decidían entregarse a las autoridades franquistas. Avelino fue uno de ellos. Como ya he dicho en otros casos, lo hacían, más que por ellos, intentando frenar la barbarie a la que los represores tenían sometidas a sus familias. Lo testimonia Esteban Fernández:
” A Rosa, la madre de Avelino, los falangistas la colgaron por las piernas del corredor de la casa, mientras ella aclamaba a su vecina Oliva que hiciera algo. Pero, en aquellas condiciones, y ante el silencio obligado o cómplice, que de todo hubo, la raparon y apalearon hasta dejarla más negra que las ropas de luto que vestía. Salvó la vida, en aquella ocasión, por intervención del jefe del destacamento de la Guardia Civil que los obligó a descolgarla”
Avelino se entregaba en Sama de Langreo a las autoridades franquistas, por medio de dos falangistas, un tal Manolo “La Gallega”, vecino de la familia, y un sastre de Sama, al que conocía como cliente de la sastrería. Tras los consabidos interrogatorios, era trasladado a la cárcel de Oviedo a disposición de los jueces militares. Sometido a Consejo de Guerra y condenado – hechos de los que la familia no tiene detalles – , se sabe que de la prisión de Oviedo fue trasladado a una cárcel de Bilbao, la antigua Fábrica de Tabacos del barrio de Santuchu. Prosigue el testimonio de Estaban:
“La familia comenzó a remover Roma con Santiago para conseguir que le rebajaran la condena, y hasta tanto la cumpliera que lo devolvieran a una cárcel de Asturias, para tenerlo cerca. La madre, Rosa, que era muy religiosa, fue a pedirle apoyo al cura de Blimea, don José. Pero este(más obediente a Franco que a la Ley de Dios), no tuvo empacho en contestarle:  Rosa, yo para rojos no doy avales. Finalmente lo pudo conseguir de otro cura de San Martín.

Con el aval del cura de San Martín y nuevamente la intervención del sastre de Sama. “Picón” era devuelto a la cárcel de Oviedo y enviado posteriormente a redimir pena por trabajo al destacamento penal del pozo Fondón. Aunque su familia dice que terminó “redimiendo condena en la colonia de la Nueva”, seguramente se refiere a la colonia penitenciaria del pozo Carbones Asturianos, situada en esta localidad y adscrita al destacamento del Fondón.

Esteban Fernández recuerda cuando siendo un niño acudía con su padre, Pepín, a visitar al tío a la colonia penitenciaria… Mi padre nos llevaba a mí y a mi hermano José. Para nosotros, salir del pueblo era una fiesta.
Finalmente le dieron la libertad condicional – en fecha que la familia no puede precisar, avanzada la década de los cuarenta – , con la obligación de presentarse periódicamente en el cuartel de la Guardia Civil de Sotrondio. Pronto conseguiría trabajo en su profesión de minero en el pozo Villar, en el valle del Nalón.
Él debió de seguir realizando misiones de enlace para la guerrilla – continua diciendo Esteban –  hasta que allá por septiembre de 1947, estando arrancando patatas un día por la tarde cogió la lechera y subió a atender el ganado al Prau Pozu. Ya no volvimos a saber de él. Seguramente lo estaban esperando. Allí quedó la lechera, les madreñes y una vaca sin catar.Su familia lo buscó infructuosamente por todas partes. Donde oíamos que aparecía un cadáver o una fosa, allá nos plantábamos. En el valle Les fuentes, El Lluviu…o en cualquier paraje. Hubo sospechas de que pudiera estar en Felgazo, encima de La Fresnosa (Langreo), donde había…En el Mayáu Miguel apareció una calavera y largos fémures, pero no se pudo saber a quien pertenecían.
ES UNO DE TANTOS CASOS IGUALES QUE EN ESPAÑA PERMANECEN IMPUNES. FRENTE A ELLOS Y TANTOS OTROS CRIMENES COMETIDOS POR LA DICTADURA FRANQUISTA, TREINTA Y SIETE AÑOS DESPUES DE APROBADA LA CONSTITUCION  DEMOCRATICA  EL ESTADO GUARDA SILENCIO, LO MISMO CUANDO GOBIERNAN UNOS QUE CUANDO GOBIERNAN OTROS.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *